martes, 6 de enero de 2015

Buñuelos antiguos de Marbella

Genio y figura...
El otro día bromeando, mi marido le preguntó a mi madre si este año no pensaba hacer buñuelos y ella que no se arredra ante nada, inmediatamente contestó que sí. No pensé que con sus limitaciones (a sus 90 años tiene los achaques propios de la edad y, además, debido a una artrosis severa en las manos -que padece desde hace años-, tiene dificultad para emplear las manos) sería capaz de estar más de dos horas de pie elaborando manualmente uno a uno los buñuelos, mientras yo los freía. Aunque yo preparé la masa, ella la ablandó convenientemente con agua templada hasta que estuvo en su punto para la fermentación.
Los buñuelos es una masa frita que tenemos por costumbre desayunar el día 25 de diciembre y el día de Reyes. Una tradición que comenzó con mis abuelas, ha continuado con mi madre, y seguimos elaborando a día de hoy en casa. Espero que no se pierda y por eso también deseo compartir esta receta con vosotros.


Ingredientes:
1 kg de harina de fuerza
25 g de levadura fresca
Una cucharada de sal
Agua templada
Aceite de oliva virgen extra para freír




Elaboración:
Disponer la harina en el lebrillo. deshacer la levadura con un vaso de agua templada y agregar a la masa. Añadir una cucharada de sal.
Empezar a amasar la masa con el mínimo de agua. Ir agregando líquido en pequeñas cantidades.
Cuando veamos que está manejable, sacamos la masa del lebrillo, la colocamos sobre la encimera y la estiramos y doblamos enérgicamente.
Una vez que esté bien trabajada, pasamos nuevamente al lebrillo y amasar a puño.
En cuanto la masa esté elástica, ir añadiendo agua templada en pequeña cantidad, levantando la masa y golpeando contra el lebrillo hasta que se vea blanda.
Dejar reposar hasta levar (tardará aproximadamente dos horas).
Ayer hicimos casi 4 kilos de harina de fuerza.
Cuando la masa esté en su punto, preparar un perol con dos litros de aceite. Colocar un recipiente con agua caliente y sal. Nos mojamos las manos en el agua caliente, cogemos un pequeño trozo de masa, frotamos entre los dedos haciendo un agujero en el centro y freímos en el aceite caliente.
Se debe tener especial cuidado con la temperatura del aceite porque si está muy fuerte se doran rápidamente pero quedaría cruda la masa; si, por el contrario, el fuego es bajo, absorberían demasiado aceite.
A continuación, los extraemos y colocamos en un recipiente con papel de cocina en la base.
Se pueden comer en cualquier momento. Incluso si los dejamos de un día para otro, simplemente con calentarlos un poco en el horno, quedan perfectos.
Esta es la receta auténtica de Marbella que no lleva matalahúga como en otros pueblos malagueños del interior.
Esta mañana nos hemos reunido toda la familia en casa para desayunar. Este roscón que veis lo preparó mi consuegra, una excelente cocinera y repostera.